Recibir un diagnóstico de epilepsia cuando ya eres adulto puede generar muchas dudas y algo de temor. Es normal que te preguntes cómo afectará esto a tu trabajo, a tu vida familiar o a tu capacidad para conducir.
Lo primero que debes saber es que no estás solo; esta es una condición neurológica mucho más común de lo que se piensa y, con el manejo adecuado, la mayoría de las personas llevan una vida plena y activa.
La epilepsia no es una enfermedad mental ni una discapacidad intelectual. Se trata de un trastorno del sistema nervioso central en el que la actividad cerebral se vuelve anormal, lo que provoca crisis, periodos de comportamiento o sensaciones inusuales y, a veces, pérdida de la conciencia.
En las siguientes líneas, vamos a ver con detalle de qué se trata esta condición y cómo puedes tomar las riendas de tu salud.
Qué es realmente la epilepsia en la edad adulta
Cuando hablamos de epilepsia en adultos, nos referimos a la tendencia a tener crisis espontáneas y recurrentes. Una sola crisis no significa que tengas epilepsia; de hecho, muchas personas pueden tener una convulsión aislada en su vida debido a fiebre alta, falta de sueño extrema o reacciones a medicamentos.
Para que hablemos de epilepsia como tal, debe existir una predisposición del cerebro a generar estas descargas eléctricas de forma repetida.
En el cerebro, las neuronas se comunican entre sí mediante impulsos eléctricos. Durante una crisis, se produce una especie de “tormenta eléctrica” donde muchas neuronas disparan señales al mismo tiempo.
Dependiendo de qué parte del cerebro esté involucrada, los síntomas serán diferentes. Por eso, algunas personas simplemente se quedan con la mirada fija por unos segundos, mientras que otras tienen movimientos bruscos en brazos y piernas.
Es importante entender que la epilepsia puede comenzar en cualquier etapa de la vida. Aunque solemos asociarla con la infancia, existe un aumento significativo de nuevos casos en personas mayores de 60 años, a menudo relacionado con otros problemas de salud como accidentes cerebrovasculares. Como viste antes, el origen es puramente físico y neurológico.
Tipos de crisis que podrías experimentar
No todas las crisis son iguales. De hecho, la variedad es tan amplia que a veces es difícil identificarlas a simple vista. Los médicos las dividimos principalmente en dos grupos, dependiendo de dónde comience la actividad anormal en tu cerebro.
Crisis de inicio focal
Estas ocurren cuando la actividad eléctrica se origina en una sola zona de tu cerebro. Se dividen en dos categorías:
- Sin pérdida de conocimiento: Antes se llamaban crisis parciales simples. Puedes experimentar cambios en tus emociones o en la forma en que ves, hueles, sientes o escuchas las cosas. También podrías tener movimientos involuntarios de una parte del cuerpo, como un brazo o una pierna, y síntomas sensoriales espontáneos como hormigueo o mareos.
- Con alteración de la conciencia: Eran conocidas como crisis parciales complejas. Durante estas crisis, pierdes el contacto con el entorno. Es posible que te quedes mirando al vacío o que realices movimientos repetitivos como frotarse las manos, masticar, tragar o caminar en círculos. Al terminar, probablemente no recuerdes nada de lo sucedido.
Crisis generalizadas
Estas parecen afectar a todo el cerebro desde el principio. Hay varios tipos, pero las más conocidas en adultos son:
- Crisis tónico-clónicas: Es el tipo más drástico. La persona pierde el conocimiento, el cuerpo se pone rígido (fase tónica) y luego comienza a sacudirse rítmicamente (fase clónica). Puede haber pérdida del control de la vejiga o mordedura de la lengua.
- Crisis de ausencia: Son más comunes en niños, pero algunos adultos las mantienen. Consisten en episodios de mirada fija que duran apenas unos segundos.
- Crisis mioclónicas: Se sienten como sacudidas o espasmos breves y repentinos en los brazos o las piernas.
Más adelante veremos cómo estas diferencias influyen directamente en el tratamiento que tu médico te recomendará. Lo fundamental es que tú o quienes te rodean puedan describir estas crisis con la mayor precisión posible.
Por qué aparece la epilepsia después de los 20 o 30 años
A diferencia de la infancia, donde la genética juega un papel muy importante, la epilepsia que aparece en la edad adulta suele tener causas identificables relacionadas con lesiones o enfermedades que el cerebro ha sufrido a lo largo del tiempo. Sin embargo, en casi la mitad de los casos, no logramos encontrar una causa exacta, lo que llamamos epilepsia idiopática.
Entre las causas más frecuentes en adultos encontramos:
- Accidentes cerebrovasculares (Ictus): Es la causa principal en adultos mayores de 65 años. Cuando el flujo de sangre a una parte del cerebro se interrumpe, el tejido puede sufrir daños que más tarde generan cicatrices eléctricas.
- Traumatismos craneoencefálicos: Accidentes de tráfico, caídas o golpes fuertes en la cabeza pueden dejar una huella en el tejido cerebral que se manifiesta como epilepsia meses o incluso años después del evento.
- Tumores cerebrales: Aunque suene alarmante, a veces una crisis es la primera señal de un tumor. Al crecer, el tumor presiona el tejido sano y altera la actividad eléctrica.
- Infecciones: La meningitis, la encefalitis o incluso infecciones parasitarias pueden inflamar el cerebro y causar crisis recurrentes.
- Enfermedades degenerativas: Trastornos como el Alzheimer pueden alterar la estructura cerebral y facilitar la aparición de crisis en etapas avanzadas.
Es muy valioso que sepas que tener estos factores de riesgo no garantiza que vayas a desarrollar epilepsia, pero sí ayuda a tu especialista a entender mejor el origen de tu problema y a personalizar tu cuidado.
Cómo llegamos a un diagnóstico preciso
Para diagnosticar la epilepsia, los médicos nos convertimos en una especie de detectives. La pieza más importante de la investigación es tu relato y el de las personas que han presenciado tus crisis. Como pudiste observar en el apartado de los tipos de crisis, los detalles cuentan mucho.
El proceso suele incluir varias etapas:
- Examen neurológico: Evaluamos tu comportamiento, tus habilidades motoras y tu función mental para determinar si hay alguna zona específica del cerebro afectada.
- Análisis de sangre: Sirven para descartar otras causas de las crisis, como desequilibrios de azúcar, problemas en los riñones o el hígado, o signos de infección.
- Electroencefalograma (EEG): Es la prueba reina. Colocamos pequeños sensores en tu cuero cabelludo para registrar la actividad eléctrica de tu cerebro. A veces, si el EEG estándar sale normal, te pediremos un EEG con privación de sueño o un monitoreo de 24 horas, ya que las anomalías no siempre están presentes todo el tiempo.
- Pruebas de imagen (Resonancia Magnética): Nos permite ver la estructura del cerebro con gran detalle. Buscamos cicatrices, quistes, tumores o malformaciones en los vasos sanguíneos que puedan estar causando las descargas.
A veces, el diagnóstico puede tardar un poco. No te desesperes. Es preferible estar seguros del tipo de epilepsia que tienes para elegir el medicamento que mejor te funcione desde el principio.
Opciones de tratamiento: más allá de los medicamentos
El objetivo principal del tratamiento es que no tengas ninguna crisis y que los efectos secundarios sean mínimos o inexistentes. La buena noticia es que alrededor del 70% de los adultos con epilepsia logra controlar sus crisis con el primer o segundo medicamento que prueban.
Medicamentos antiepilépticos (FAE)
Existen decenas de opciones. Algunos son mejores para crisis focales y otros para las generalizadas. Te conviene saber que estos fármacos no curan la epilepsia, sino que ayudan a estabilizar la actividad eléctrica del cerebro para evitar que las crisis ocurran.
Es muy importante que sigas las tomas de forma rigurosa. Olvidar una dosis es la causa más común de crisis en personas que ya estaban controladas. Si experimentas efectos secundarios como sueño, mareos o cambios de humor, no dejes la medicación por tu cuenta; habla con tu médico para ajustar la dosis o cambiar a otra opción.
| Grupo de medicamento | Uso común | Consideraciones |
| De amplio espectro | Crisis focales y generalizadas | Versátiles, suelen ser la primera opción. |
| De espectro estrecho | Solo crisis focales | Muy efectivos para zonas específicas del cerebro. |
| Nuevas generaciones | Casos resistentes | Suelen tener menos interacciones con otros fármacos. |
Como vimos antes, la mayoría de las personas responden bien a los fármacos. Pero, ¿qué pasa con el otro 30%? Para ellos, existen alternativas muy interesantes.
La cirugía de epilepsia: cuándo es una opción real
Como neurocirujano con años de experiencia, veo la cirugía no como un último recurso desesperado, sino como una oportunidad de curación para pacientes seleccionados.
Si has probado dos o tres medicamentos diferentes en dosis adecuadas y sigues teniendo crisis (lo que llamamos epilepsia refractaria), es momento de evaluar la opción quirúrgica.
La cirugía es especialmente exitosa cuando las crisis se originan en una zona pequeña y bien definida del cerebro que no controla funciones vitales como el lenguaje o el movimiento. Algunos procedimientos comunes son:
- Resección focal: Se extirpa el área exacta donde comienzan las crisis. Es muy común en la epilepsia del lóbulo temporal.
- Estimulación del nervio vago (VNS): Se coloca un pequeño dispositivo bajo la piel del pecho que envía impulsos eléctricos regulares al cerebro a través del nervio vago. Ayuda a reducir la frecuencia y la intensidad de las crisis.
- Neuroestimulación receptiva (RNS): Es un dispositivo inteligente que monitorea tu actividad cerebral y envía una descarga eléctrica solo cuando detecta que una crisis está a punto de comenzar.
Cada caso es único. Para decidir si eres candidato, realizamos estudios muy profundos que aseguren que el beneficio de la cirugía supera con creces cualquier riesgo. Muchos pacientes logran dejar de tener crisis por completo tras una intervención exitosa.
Vivir con seguridad y autonomía
Tener epilepsia no significa que debas dejar de vivir tu vida. Solo significa que debes hacer algunos ajustes para mantenerte seguro. La seguridad es fundamental, especialmente en casa y en el trabajo.
Aquí tienes algunos consejos prácticos que puedes aplicar:
- En el baño: Prefiere la ducha a la bañera para evitar riesgos de ahogamiento en caso de una crisis. Si es posible, deja la puerta sin seguro o instala una que se abra hacia afuera.
- En la cocina: Usa quemadores traseros en la estufa y trata de usar el microondas para calentar alimentos en lugar de hornos convencionales si tus crisis no están controladas.
- El sueño: La falta de sueño es un disparador muy potente para las crisis. Intenta mantener un horario regular para dormir y descansar al menos 7 u 8 horas.
- Alcohol y sustancias: El alcohol puede interactuar con tus medicamentos y facilitar las crisis. Lo mejor es evitarlo o consumirlo de forma muy moderada y siempre consultando con tu especialista.
Respecto a la conducción, las leyes varían, pero generalmente se requiere un periodo libre de crisis (que suele ser de un año) para poder conducir. Esto es por tu seguridad y la de los demás. Al final del día, el control de tu salud te permite recuperar estas libertades paso a paso.
Qué hacer ante una crisis convulsiva
Es muy útil que tus familiares, amigos y compañeros de trabajo sepan cómo actuar si tienes una crisis. A menudo, el miedo de los demás nace de no saber qué hacer. Puedes compartirles estos pasos sencillos:
- Mantener la calma: La mayoría de las crisis duran solo un par de minutos y terminan solas.
- Proteger la cabeza: Poner algo suave debajo de la cabeza para evitar golpes contra el suelo.
- Girar a la persona de lado: Esto ayuda a mantener las vías respiratorias despejadas y evita que se ahogue con saliva o algún fluido.
- No sujetar con fuerza: No trates de detener los movimientos, ya que esto podría causar fracturas o lesiones musculares.
- Cronometrar la crisis: Si la crisis dura más de 5 minutos o se repite sin que la persona recupere la conciencia, hay que llamar a emergencias inmediatamente.

Después de la crisis, es normal que te sientas confundido, cansado o con dolor de cabeza, es lo que se conoce como sdme post-crítico o post-comicial. Necesitarás un tiempo para descansar y recuperarte por completo.
Preguntas frecuentes sobre la epilepsia en adultos
En la mayoría de los adultos, la epilepsia no es directamente hereditaria. Aunque existe una predisposición genética en algunos casos, la mayoría de las veces se debe a lesiones adquiridas como golpes, ictus o infecciones. Si tienes dudas sobre tu caso específico, un estudio genético podría darte más claridad.
Por supuesto. La gran mayoría de las personas con epilepsia desempeñan sus trabajos con total normalidad. Solo existen restricciones en profesiones muy específicas que impliquen riesgo para terceros o para ti mismo si no tienes las crisis controladas (como piloto de avión o conductor de maquinaria pesada). La ley protege tu derecho al trabajo.
El estrés por sí solo no causa la epilepsia, pero sí es un factor desencadenante muy común. Cuando estamos bajo mucha presión, el cerebro está más excitable y el umbral para tener una crisis baja. Aprender técnicas de relajación y manejo del estrés es una parte valiosa de tu tratamiento.
Sí, el ejercicio es muy beneficioso para la salud cerebral. Solo debes tener precaución con deportes de alto riesgo (como escalada en solitario o buceo profundo) si tus crisis no están bien controladas. Siempre es recomendable hacer deporte acompañado y avisar a tus compañeros sobre tu condición.
Algunas personas con epilepsia reportan fallos de memoria. Esto puede deberse a la causa de la epilepsia, a las crisis mismas o, en ocasiones, a los efectos secundarios de los medicamentos. Si sientes que esto te sucede, existen ejercicios de rehabilitación cognitiva que pueden ayudarte mucho.
Y para terminar…
Entender la epilepsia es el primer paso para convivir con ella sin que limite tus sueños o tus proyectos. La medicina ha avanzado muchísimo y hoy contamos con herramientas quirúrgicas y farmacológicas que antes eran impensables. Lo más importante es que te sientas escuchado y comprendido en tu proceso.
Si tú o algún familiar están pasando por un momento de incertidumbre debido a crisis convulsivas o un diagnóstico reciente, no dudes en buscar orientación profesional. Estamos aquí para acompañarte, resolver tus dudas y buscar juntos la mejor solución para tu caso particular.
Para recibir una valoración detallada y personalizada sobre tu salud neurológica o de columna, pide una consulta para alguno de nuestros servicios. Estaremos encantados de ayudarte a recuperar tu bienestar.


